21 abril 2017

Un frances a medianoche, anna carreras Reseña Palabras en cadena



No me gustan las fajas. Las detesto. Hoy en día muchos libros vienen con fajas mentirosas que yo tiro a la basura conforme llego a casa. No las tiro antes porque me da vergüenza que me vean… Son un elemento inútil del libro. Sobran. Pero de vez en cuando, ay, de vez en cuando ese elemento que crees inútil hace que abras un libro en vacaciones.

“No hay nada más claro que la fuerza de Anna Carreras para mostrarnos, desnuda, la brutalidad y la ternura del sexo y la vida.”

Eso reza la faja que cubre media portada de “Un francés a medianoche” de Anna Carreras editado por NAVONA en Navona Ficciones. A priori parece una lectura ligera y corta ideal para vacaciones. Y lo es…
No voy a recomendar este peculiar libro, que personalmente he disfrutado. No lo voy a recomendar porque un francés a medianoche es lo que la propia editorial promete: un libro de sexo. 

“En Un francés a medianoche encontrarán sexo explícito, a veces poético, nada pornográfico y sin metáforas cutres ni tradicionalmente manidas”
Sin más y sin menos. Una historia en la que el sexo es explícito pero dulce. Continuo pero tierno. Mientras escribo me preguntó por qué estoy reseñando este libro que, a priori, no encajará con mis lectores. Creo que la respuesta es por hacer “justicia lectora”. En un momento en el que la novela romántica con sexo causa furor, los lectores se enfrentan a determinados bestseller que son bazofia. 

Libros mal redactados, con fallos terribles en la estructura, llenos de párrafos inverisímiles, y un largo etcétera de errores... Y justo ahora Anna Carreras me presenta una novela bien escrita, con bonitas frases que apuntar, y una sensibilidad inusual en este tipo de novelas. Me presenta una obra delicada. Erótica y delicada. Y se agradece.

“Vivir es eliminar el peso del cuerpo. Recular hasta el principio, desandando el camino. Para conseguir el éxito, no interesa tanto el umbral postrero como la senda llena de estorbos que hace falta deshacer para acceder a él. Y los detalles del paseo, las distracciones, los cruces irrefutables, el polvo. Debemos reaccionar de una manera humana ante unos preliminares lentos, reconocidos como un código compartido, y dinamitemos la gran idea occidental del sexo como mecánica horizontal. No somos robots ni nos dan ninguna galleta como premio.”
El erotismo hecho lenguaje… Porque esta novela me habla de Blanca, que se empapa de libros sobre las “Tigresas blancas”, mujeres orientales que pertenecían a una antigua sociedad secreta  que promovía el sexo oral como una práctica que absorbe la energía sexual masculina y la inmortalidad espiritual. Rejuvenecer a base de felaciones. Extraer del sexo algo más que placer. Blanca lee y admira a estas mujeres y decide llevar a cabo su filosofía de vida.

La autora enfrenta la visión oriental a la monotonía occidental y usa el sexo para hacernos pensar en algo más. En mucho más. En las relaciones puramente físicas y en las que creemos físicas y no lo son. En las ataduras, las formas de vida. El engaño hacia uno mismo.

La prosa de Carreras es fluída, el lector avanza por el libro casi sin notarlo, y aun así subraya, ahora, remarca, guarda párrafos enteros en su libreta de lectura158 páginas de amor, sexo, dolor, y locura.
Olvidemos las sombras, que eran 50 y debían ser 0. Leamos sobre sexo si queremos, pero leamos bien. (Al final me doy cuenta de que he recomendando el libro :) ) 

“Amar, ya lo decía Moravia, también significa no comprender nada”

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