28 abril 2017



Palabras en Cadena Reseña Alma cobre




David Verdejo, ese chico que escribe novela como la de antes. Creo que pocas definiciones tengo tan claras y Alma de Cobre reafirma mis palabras. Entiendo por novela negra a esa historia que nos ayuda a descubrir los comportamientos del mundo crimen. Aquella que descuida de manera intencionada la investigación policial para llevar al lector al por qué. Que muestra la psicología del personaje olvidándose de CSI Las Vegas.

La novela de género es naturaleza humana, es denuncia social, es injusticia y crueldad. Es leguaje preciso y rápido. Es abuso de poder.

Y David Verdejo conserva esas características. Lo dicho. Las novelas negras, como las de antes. Alma de Cobre me lleva a Chicago… Un escenario perfectamente definido, sus calles, sus parques, sus rascacielos… El lector recorre la ciudad junto a Lee Johnson y la agente Estevez buscando a los responsables de la agresión al pupilo del agente Lee. Y lo que en principio parece ser poco más que una brutal paliza acaba siendo una inolvidable historia de venganza, ambición, amores prohibidos y delincuencia organizada.

Palabras en Cadena Reseña Alma cobre
La técnica narrativa de David es mucho más que correcta, gracias David, los que te leemos te lo agradecemos, manejando con naturalidad el diálogo. Tanto que son los diálogos los que me definen a los personajes, bien a través de sus propias palabras o bien a través de las palabras de otros.
“Aprenderás que me duele más la muerte de un gato que la de diez hombres” 
Pero si hay algo en las novelas de David que me atrapa es esa sensación de estar dentro de una película. Verdejo hace de la literatura cine. Cojamos las palomitas para leerle. Las habitaciones cobran vida con su pluma. Los personajes miran soslayadamente a cámara. Hay luz y sombra en sus escenas. Hay ambiente. Un ambiente que me gusta, que me engancha, que me hace visualizar cada capítulo.  

“Ella elevó la mano derecha y él se detuvo. Las aspas del ventilador continuaban su obsesivo movimiento giratorio y otra ambulancia se escuchó en el horizonte, proveniente de Yorkville en dirección al Lenox Hill Hospital. Los neones parpadearon anunciando un bar de copas debajo que cerraba a altas horas de la madrugada, aunque esta vez, el atractivo que reflejaban ambos cuerpo al absorber su luz de colores intermitente se había desvanecido”

Y yo, lectora, traspaso el papel y estoy en esa habitación iluminada, a ratos, por luces colores mientras espero con tensión el desenlace de la novela.

Novela breve, nunca Verdejo escribe de más, que esta vez quizá me ha sabido a poco. Aunque eso tiene fácil solución, leeré los casos de Lee Johnson (LINK) en Moon Magazine mientras espero la llegada de El secreto de pozo negro, próxima novela de mi amigo David. 



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