09 marzo 2017

El dios de las pequeñas cosas. Palabras en cadena Blog Libros
Las cosas son como son. Hay libros y libros. Hay libros que lees y te gustan, hay libros que lees y te entretienen, hay libros que lees y te vencen, hay libros que lees y se quedan a vivir contigo para siempre. Así es. No lo podemos ni debemos negar… Pero luego hay libros que ya desde su comienzo empiezan a recorrer su camino en ti. Y lo recorren no por su historia, su estilo o su original prosa, no. Lo recorren por su perfección.

Yo había leído ya El dios de las pequeñas cosas, hace años. Exactamente en el 99 como me indicaba un billete de cercanías portuguesas que apareció entre sus páginas, que cosas tiene la lectura que nos regala cositas así.

Yo lo había leído y sí, lo recordaba como un gran libro, pero no recordaba nada de él. No sabía de qué hablaba ni porque me había gustado tanto (vamos a romper el mito de que si un libro te encanta siempre recuerdas el porqué). Y ahora debía volver a leerlo. La tertulia literaria a la que hace años acudo, la de las mamás del colegio de unos niños que ya nos son niños y ya no van al colegio, habían opotado por esa lectura para este febrero.

Ahora, después de su segunda lectura creo que siempre recordaré porque me gusta tanto este libro. Dejadme que os lo cuente.
Es El dios de las cosas pequeñas de Arundhati Roy una novela que para mí roza la perfección. Con una estructura a priori complicada para la escritora, saltos continuos en el tiempo y diferentes puntos de vista en cada momento, Roy es capaz de ponerse, y de paso colocar a lector junto a ella, en la piel de cada uno de sus personajes consiguiendo así una lectura fluida pese a la complicación propia del texto.

Y es que la novela nos narra lo que le pasó a Sophie Mol, anticipando en todo momento los hechos sin que por ello el lector pierda interés en lo narrado.
“Sophie Mol olía colonia y madera ataúd” “Sophie MolQué veía en un dedalQue daba volteretas en su ataúd”

Pero no este libro la historia de Sophie Mol, o por lo menos no es sólo esa historia. Es la desgarradora historia de Rahel y Estha, lo gemelos a la que la actuación de los adultos marcó de por vida. Recapacita lector, recapacita al leer. Cuánto daño puede hacer el egoísmo adulto a los niños. Cuánto…
“Que el vacío en uno de los gemelos no fuese más que la versión del silencio del otro., Que las dos cosas encajasen. Como una cuchara sobre otra. Como los cuerpos familiares de los amantes. “
Mammachi y Pappachi, Ammu, Chako… Nuevos protagonistas que se unen a los tres ya mencionados, para transmitirnos la cultura, la organización social, el machismo,  la desigualdad india. En definitiva, cuatro nuevos protagonistas que nos llevan hacia la enorme crítica que, sin abandonar nunca la prosa poética, esconde este libro.

Pero no penséis que acaba aquí el elenco de protagonistas, porque la maestría de esta autora hace que el Dios de la Pérdida, el Dios de las Pequeñas Cosas, sea el personaje central de esta obra conforme la misma avanza. Velutha encarna la injusticia. El lector quiere luchar por Velutha aun sabiendo de antemano que no puede. Porque quizá el mayor acierto de este libro es que la autora anticipa todos y cada uno de los hechos. Aunque a veces lo haga de manera tan sutil e inteligente que el que lee no repara en todos los laberintos que se trazan en sus páginas.

Hay que leer dos, tres veces este relato. Tal vez lo más acertado sería estudiar su contenido, su forma… Porque el dominio del lenguaje roza límites insospechados en Arundhati Roy. A leer bien hay que ir aprendiendo poco a poco, y esta novela es de las que te enseñan a hacerlo.

Imprescindible. Ese es el veredicto de esta lectora que amó por segunda vez “El dios de las pequeñas cosas” 

"En el abandonado jardín ornamental, observada por gnomos indolentes y un querubín abandonado, Rahel se arrodilló junto al estanque de inmóviles aguas y observó cómo saltaban los sapos de una piedra cubierta de verdín a otra. Preciosos Sapos Feos. Pegajosos. Verrugosos. Croadores. Sapos que llevaban a príncipes vehementes a los que nadie besó atrapados en su interior. Comida para las víboras que merodeaban por entre la hierba alta de junio. Un susurro. Una arremetida. Y ya no había sapo que saltase de una piedra cubierta de verdín a otra. Ya no había príncipe que besar."

3 comentarios:

La Atrapasueños dijo...

¡Holaa! Acabo de descubrir tu blog y me quedo por aquí ;)
No conocía este libro pero por lo que nos cuentas tiene muy buena pinta y puede que lelgue a gustarme así que me lo apunto por si puedo leerlo y ver que tal ;)
Muy buena reseñaaa!
Te dejo mi blog por si quieres pasarte http://deliriumnervosa.blogspot.com.es/
Un beso y nos leemos <33

Soldadito Marinero dijo...

me lo apunto, gracias!

Rita Piedrafita dijo...

Apuntad este libro porque es una forma unica de dominar el lenguaje. A parte de que conmuevo y toca fuerte, ese dominio de las figuras literarias, del lenguaje, de la estreuctura... Vale la pena :)