01 noviembre 2016



Cuenta la tradición aragonesa, o por lo menos de esta parte de Aragón que lleva el nombre del Somontano, que las almas vagan todo el año por nuestras calles, merodean por nuestras casa y quien sabe, si hambrientas, descansan en nuestras despensas. Cuenta esa misma tradición oral, de esa que se transmite con la voz, que esta noche esas almas deben ser conducidas hasta el lugar donde deben reposar ayudados por velas y dulces.
Es noche de almetas en el Somontano de Barbastro. Y se cuentan cuentos, que aterran y a su vez encantan, a los niños.

Y yo recordaba esto estos días atrás, mientras escuchaba a Oscar Wilde y su recopilación de cuentos Una casa de granadas. Me ha hecho Wilde pensar mucho en la tradición oral de la literatura. Muchos  cuentos se hubiesen perdido de no ser por trovadores, juglares, y por qué no, abuelos. Pensaba en esto mientras me deleitaba con el nuevo  audiolibro de E de la E que contiene los cuentos de El joven rey, El cumpleaños de la Infanta, El pescador y su alma y El niño estrella.


Cómo Wilde es Wilde y a estas alturas no vamos a discutir la maestría narrativa de este autor, podría elegir cualquiera de esos cuentos para esta reseña, pero me digo: Es “Noche de Almetas” y me tengo que quedar casi obligada por la tradición con El pescador y su alma.
En el pescador y su alma, os recuerdo que yo no leo, nuevamente Esperanza De La Encarnación me cuenta la historia, Oscar Wilde nos narra la historia de un pescador que se enamora de una preciosa sirenita y se desprende, por medio de brujería, de su alma para poder ir a su encuentro. Y su alma, ay, pobre alma vagabunda, le pide que se desprenda también del corazón, porque, ¿qué será de un alma sin un corazón que le acompañe?

Pero el amor lo puede todo y el pescador abandona a su alma sin desprenderse del corazón ¿Cómo voy a amar a mi dulce sirena sin corazón?- le explica antes de comenzar una nueva vida en el mar.
Y escucho con mis auriculares los cambios de registro de Esperanza, quién con una dicción perfecta y su ritmo pausado de lectura, me narra las desventuras de esa alma viajando por el mundo buscando la manera de volver junto a su amo.

Sobre el amor, sobre el bien y el mal, sobre la decisiones importantes que debemos tomar y sobre las consecuencias de las mismas. Todo esto puede ofrecer un audiolibro de Wilde a los niños con el simple gesto de darle al play y escuchar. Nuestros hijos ya están habituados a usar las tablets, aprovechemos la oportunidad que la tecnología nos brinda para apórtales cultura.
Este audiolibro permanece en mí, no solo por que como adulta sigo disfrutando de los cuentos bien contados, sino porque Wilde me ofrece unos cuentos para reflexionar cuando apago mi móvil.


Y casi sigo notando a Esperanza leyendo para mí… Cierro los ojos, enciendo el móvil… Cuéntame un cuento. 






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