14 octubre 2016





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        "El fotógrafo lo sabe y se arriesga, se arriesga en esta ciudad donde la radiactividad carcome el tiempo y las paredes. Lo veo caminando por la avenida Lenin, ya no avenida, casi bosque. Se agacha, toma varias fotos a los carritos chocones olvidados en medio de la calle, a la inmensa noria de compartimentos de un anaranjado ya lánguido."
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Así describe Fedosy la ciudad fantasma de Prypyat. Así descubro yo que Chernóbil acabó con ella. Así paso de leer a buscar imágenes en Google y así, si así, gracias a Fedosy y sus nombres, empiezo a tomar consciencia de la importancia del nombre.

 ¿Por qué lees tanto? Es una pregunta que me hacen a menudo, curiosamente yo no consideré nunca que leyese "tanto", y cada vez que me la hacen no deja de sorprenderme... Por qué me gusta, supongo que contesto, si me digno a contestar, porque borderías mías, hay preguntas que es ridículo responder.
Y hoy que no me habéis preguntado, en una nueva muestra de mi snobismo, os contesto... Leo porque aprendo. Porque me encuentro con enseñanzas que raramente aprendería si no leyese. 

Ayer, leyendo a Fedosy, aprendí ABRACADABRANTE y descubrí una palabra preciosa... Sirva este post para animar a leer. Lo que sea. Me da igual. Pero sirvan estas palabras para hacerlo. 


El libro en cuestión, no voy a ser tan cruel de guardármelo para mí, es "Los nombres" de Fedosy Santaella de editorial Pre-Textos que ha sido galardonado con el Premio Novela Corta Ciudad de Barbastro. 

2 comentarios:

Elisabet Jiménez dijo...

Efectivamente, nada enseña más que una buena lectura. Bonito Rita

Rita Piedra dijo...

Se pere de siempre de los libros... Hasta de los que no te gustan. Pero hay libros que contienen tanto conocimiento.