26 octubre 2016


Los nombres. Pre textos.



Borges, sin duda, es un nombre de peso. Así comienza Los Nombres, ganadora del XLVII Premio Internacional de Novela Corta Ciudad de Barbastro, y yo, insigne lectora, quedo a expensas de un libro que no empieza por un capitulo sino por un paréntesis (primer paréntesis, anuncia Fedosy Santaella, advirtiéndome de que habrá más)

Entonces Fedosy me habla de Borges, sí, del ilustre Borges. Pero no me habla de él a raíz de sus cuentos, me habla de él a través de su nombre. Y yo, que estoy leyendo un tanto extrañada pienso: - Brutal comienzo. Al cerrar el primer paréntesis, lo cierra el autor y lo cierro yo, ya siento ese gusanillo que los buenos libros me hacen sentir. Algo se mueve dentro de mí.

Avanzo despacio por esta novela sintiendo una prosa que me invade. Es una sensación rara. Cómo si las palabras me llegaran leídas del mismo autor, que me cuenta despacio la historia de Rocanegras, otro gran nombre, incluyendo unos paréntesis en los que me susurra ideas. Me invita a reflexionar sobre lo que ya sé, sí, claro, soy lectora, por supuesto que lo sé, lo debo saber… Me invita Fedosy a pensar en mi relación con la literatura, la mía, la tuya y, por supuesto, la suya. Me enseña con su prosa a ir más allá. Yo, Rita, soy lectora, y yo Rita veo así la literatura. Y mi visión será diferente de tu visión, o de la del autor, pero él me extiende la alfombra para seguir su camino. Un camino donde el lector es casi más importante que las palabras leídas. ¡Dios! ¡He descubierto tanto leyéndome en Los nombres!

 Los nombres es mucho más. (Esta novela es una propuesta arriesgada, y el autor lo sabe). Afirmo que es mucho más porque con una prosa magistral, creedme, no exagero, nos muestra una familia, la suya, escondida tras los relatos cortos. Y de repente ese ensayo sobre el ser humano y la literatura se intercala con la vida del abuelo contador de historias que vino de Ucrania, con los recuerdos familiares de las tías, con Damián, con Tato, con la guerra, con Puerto Cabello. Y Rita, porque ha llegado un  momento en el que yo dejo de ser “simplemente yo” para ser RITA, acabo la lectura boquiabierta. Dándole vueltas a mi propio nombre y al del escritor que tanto me ha hecho sentir.

Admiro la gente que arriesga, y sin duda Santaella lo ha hecho. Porque ésta que escribe, Rita, cerró el libro pensando que lo había escrito para mí, y eso era imposible porque en ese momento no nos conocíamos… Ahora yo sé más de Fedosy y espero que pronto Fedosy sepa más de mí.


Una vez más el Premio Novela Corta Ciudad de Barbastro no me decepciona. Esperaré ilusionada la novela ganadora del 2017. Mientras tanto, volveré a leer Los nombres, de Fedosy Santaella. 


Leed los nombres, porque este libro es una maravilla. 



2 comentarios:

antoniorayacasado dijo...

Lo corroboro (corroborar v. tr.
1 Dar como cierta una creencia u opinión de cuya certeza no se estaba seguro previamente aportando nuevos datos. ratificar.)
Lo que esconden y lo que enseñan los nombres descrito por Fedosy Santaella, recomendable.

Rita Piedra dijo...

Pues sí, Antonio. Lo que esconden los nombres. Y cómo nos enseña a encontrar lo escondido.