31 agosto 2016



Imaginemos un pequeño pueblo de la sierra de Madrid en la España de los 50. Imaginemos la lluvia. Una lluvia que cae constantemente. Imaginemos varios crímenes. Y un inspector de policía que viene a romper las normas no escritas. ¿Te apetecería leer algo así?
Estás de suerte. Luis Roso ha creado una novela que reúne, no solo estos ingredientes sino alguno más que hará que vuelvas a creer en la novela negra.

Es aguacero una novela sobre el comportamiento rural, el núcleo cerrado que se crea en un pueblo, sobre sus gentes y sus costumbres. Roso nos sugiere un escenario, Las Angustias, y sitúa en del mismo a gente de dentro y de fuera, creando una microsociedad que, por desgracia, no se comporta de manera muy diferente a la actual, en la que tiene que entrar, rompiendo las normas establecidas, el inspector Trevejo.

Ernesto Trevejo


Ernesto Trevejo es un policía de los 50 que apoya al régimen porque es lo que toca, pero hace la vista gorda ante determinados actos. Y es este peculiar inspector el que nos lleva por los crímenes, por las calle mojadas de un pueblo cualquiera, por la conducta de sus personajes, por sus reglas. Nos guía por una sociedad que a veces es ruin y otras consiente, que marca a unos de por vida y perdona a otros, que arrastra prejuicios… Pero también encarna Trevejo las ganas de cambio, de apertura, de transformar el gris por un color más vivo.



En Aguacero llueve. Llueve el comportamiento equivocado, la 
estigmatización, la deshonra y el ultraje. Llueve el trato de favor y clasismo, llueven las normas y el camino correcto, ese del que no te debes salir. Sí, llueve y llueve mucho. Pero acaba saliendo el sol entre sus páginas para mostrarnos que todo cambio es posible, y que en nuestro país, cualquier tiempo pasado no fue mejor.
Gracias a Roso he vuelto a disfrutar de una novela negra bien documentada, bien estructurada y, lo que para mí es más importante, bien contada.





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