14 julio 2016



“Cuando no tenía otro lugar adónde ir, siempre volvía a Little Wing. Cuando no tenía nada de nada, volvía a Little Wing. Volvía aquí y, de la nada, hacía algo. Aquí podía vivir sin apenas dinero; no tenía en qué gastarlo ni a quién impresionar. Aquí a la gente solo le importa tu espíritu de trabajo, tu amabilidad y tu capacidad. Yo volví a Little Wing y aquí descubrí mi voz como quien descubre algo que se le ha caído del bolsillo, como si fuera un souvenir que llevara tiempo olvidado.






Es muy fácil reseñar “Canciones de amor a quemarropa” de Nickolas Butler. Es fácil porque es un libro escrito desde la nostalgia, perdonadme, es un libro “bien” escrito desde la nostalgia.
Nunca había leído nada de Libros del asteroide. No sé el motivo, pero nunca lo había hecho.  Hasta que alguien me sugirió tres títulos bajo un: “Sé que te gustarán, Rita”… La pirmera novela de la lista era Stoner” de John Williams, un  entrañable título, tal vez  no muy conocido en España,  que me cautivó… El segundo: “Canciones de amor quemarropa”. Pensé:- Si es como Stoner me lo quedo.
Y me lo quedé. La novela de Butler es entrañable, sin duda, pero es mucho más. Un libro escrito desde la nostalgia, que hace valido el famoso “cualquier tiempo pasado fue mejor”
La historia nos traslada, con una prosa de esas que tú, como lector exigente necesitas de vez en cuando, a Little Wing, un pequeño pueblo de Wisconsin, en el que se criaron Henry, Lee, Kip y Ronny. Y a partir de ahí, la vida misma, con la amistad como eje central narrativo. Con la amistad y la lealtad.

Es “Canciones de amor a quemarropa”  una novela sobre la música y la fama, sobre el amor y el desamor, y la envidia, y sobre cien cosas más. Pero de lo que en realidad nos habla es de la vida. La vida de cuatro amigos que crecieron juntos y se vuelven a reunir pasados los treinta. Susurra sus miedos, sus inquietudes de niño, de adolescente y de adulto. No relata lo que su vida les deparó. Y esa amistad, que a veces no es tanto y otras es mucho más, no es más que una excusa para transpórtanos a ese pequeño pueblo de Wisconsin…Porque Nickolas Butler no solo nos habla de amor a quemarropa, no. Nos habla de hogar. O mejor dicho, de esa extraña necesidad de crear hogar que todos sentimos y de lo importante es sentirse formar parte de algo.

Pero, ¿Qué es lo que hace que me sienta tremendamente atraída hacia este libro? Escritores hay muchos, maestros de las letras hay menos. Y Butler narra todo de manera pausada, con un toque nostálgico, a ritmo lento, extremadamente lento. Casi tienes la sensación en determinados momentos de que no pasa nada, como en ese pequeño pueblo de 100 habitantes que tan bien describe. Y lees de la misma manera que se vive en el pueblo, sin prisas, pendiente de todo y de todos… Y eso, señores, tiene mucho mérito. Porque Little Wing deja de ser un pueblo para ser un personaje más. Ese personaje silencioso que impone el ritmo. Yo como lectora digo: gracias.
Gracias por escribir esta novela.


Sin duda haré caso a ese lector que tan bien me aconseja y leeré “El bar de las grandes esperanzas” del ganador del Pulitzer, J. R. Moehringer.


“En la vida aparecen personas que resultan ser un ángel. Personas que descuelgan el teléfono en el momento justo y llaman porque están preocupadas por ti, porque quieren oír tu voz. Personas que te dicen que no pasa nada por llorar o que ya es hora de dejar de llorar y que hay que ponerse en pie y seguir adelante. Personas que te dicen que eres hermosa, que les bastas, que te quieren.”

2 comentarios:

Elisabet Jiménez dijo...

Este lo tengo preparado para las vacaciones, junto a otros.... tres mil ;-) Gracias por la recomendación. Besos

Rita Piedra dijo...

Preciosos, Elisabeth. Este te encajará muy bien. Ya lo verás. :)