14 junio 2016

Tengo un vicio, lo confieso. Tengo el vicio de leer el primer párrafo de un libro unas horas antes de comenzar la lectura del mismo. “Éramos pobres pero teníamos Francia”. Una no puede quedar indiferente ante estas palabras. Sabía que era un SÍ… sigo confesando. Sabía que era un sí antes de seguir leyendo… Pero teníamos Francia.
Y continúo la lectura y tropiezo con las últimas palabras de Molina…“Calla, que de ti no quiero ni que me cierres los ojos”. Y es esa frase la que nos guía a través de esta  novela costumbrista. No te puedes quitar la frase de la cabeza mientras lees. Y es gracias a ese“Calla…” que descubres la historia de José  Molina; de Molina y del narrador y del narrador en su juventud.
Y es que José Molina se va a la guerra, y la gana y la guerra le arruina la vida. O tal vez no fue la guerra,  no sé. Y se esconde Don José, abuelo del narrador, en su silencio. Y ese silencio contrasta con la frase: “Calla, que de ti no quiero ni que me cierres los ojos” y contrasta también con esas idas y venidas en el tiempo de la narración. Del presenta al pasado, y a un pasado más lejano. De una guerra que José Molina perdió ganando, saltamos al Madrid de las juventudes alocadas. Y al presente. Y todo contado con una prosa irónica, muy irónica.
Una narrativa preciosa que nos retrata una España de temores y supersticiones y silencios. Una España que puede rozar lo ridículo. Una España gris, sí. Pero a ratos llena de color y buena gente.
No nos cuenta del Molino una historia sobre la guerra. No nos presenta una novela con planteamiento, nudo y desenlace… Todo es nudo en Lo que a nadie le importa. Un nudo que deshaces con facilidad mientras lees la historia de España que el autor crea. Aunque esta novela contiene mucho más.  No es solo la guerra. Es toda una vida… O dos vidas, según se mire, porque José Molina vive entre sus páginas, pero también el narrador habita en ellas.
¿Es testimonial esta novela? ¿Es la historia del abuelo del propio Sergio? A veces he creído que sí y otras que no. Pero eso a nadie le importa, porque lo real es que esta historia bien pudo suceder así.

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