28 mayo 2016


Espero que el próximo año esté un poco más triste que este año, porque eso significará que no he olvidado a mi padre, y que le sigo queriendo y echando de menos. Eso para mí es muy importante.



Con la redacción escolar de Olivia, una niña de 9 años que acaba de perder a su padre, arranca la isla de Alice. Leo esa carta y sé que ese libro se va a quedar conmigo para siempre. Da igual si me gusta o no. Estoy segura de que Olivia se queda.
Extrañamente, La isla de Alice, me atrapa. Me “engancha”, que dicen los lectores. Yo no lo digo, a mí los libros no me enganchan, simplemente me dejo atrapar. Y con Alice me dejé.

Me dejé llevar por la locura de la protagonista, una chica joven, embarazada de su segunda hija, que se sumerge en la investigación de la doble vida de su marido al fallecer éste en un accidente.
¿Qué le he encontrado a La isla de Alice? Sobre todo entretenimiento. Es de esos libros que esconden una película entre sus páginas y tú te sientas en una butaca cada vez que lo abres. Necesitas leer, de hecho casi necesitas que empiece el rodaje para ir al cine. Me quedé encerrada en esa pequeña isla, con sus personajes romanticones, sus intrigas, sus riñas y su amoríos juveniles. Me quedé encerrada con un poso de tristeza tras mis gafas.


Hay libros que eligen al lector, y el de Daniel Sánchez Arévalo, por diferentes motivos, me eligió a mí. Me eligió porque quedo finalista en un premio que gracias a mi madre siempre leo. Ella siempre quiso que en mi estantería estuviesen los Premios Planeta a partir de 1971. (Algún día lo conseguiremos, mamá). Me eligió porque mi hermano me habló del libro nada más conocer el nombre del galardonado. Pero sobre todo  me eligió porque yo hace mucho que fui Olivia, y quién sabe si a día de hoy lo sigo siendo. Dice el autor que, a veces, escribir el libro forma parte de la terapia, y, para mí, leerlo ha sido mi terapia. Lo cerré llorando como hace mucho que no lloraba. Pero feliz.

Me quedé a vivir en esa isla y en la locura de Alice. Disfruté de su lectura. Hacedme caso, el libro es muy entretenido, pero además me reconcilió con la niña que fui… Aunque hayan pasado lo años y siga un poco triste, porque eso significa que le sigo queriendo y echando de menos. Eso para mí es muy importante.

Reseña originalmente publicada en http://www.rondasomontano.com/



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