19 junio 2015



              

A veces buscas por la red lo que otras personas leen y hay libros que empiezan a aparecer en tus redes continuamente.  Blogs, usuarios, paginas especializadas, todos ellos se elinean para hablarte de ese libro que es fabuloso y tienen en su manos. 
Y tu dejas el libro en reposo, esperando indecisa, pero al final, caes, porque todos siguen hablando de él. 
Adquirí la silla hace bastante tiempo y nunca lo leí, pero hace un par de días, en una de esas pausas de libros tan buenos que necesitas reposarlos, decidí abrirlo.

La silla parte de una idea genial. Sus primeros capítulos te hacen pensar que estás ante un buen libro. Y lo estarías si la editorial hubiese pasado el manuscrito por un corrector de estilo. El autor tiene un buen argumento, sabe transmitir la incertidumbre, e incluso la angustia por el niño, sí, sí hay un bebe indefenso... pero como un principiante, abusa del sensacionalismo, del dar pena, del pongo esto aquí y como no se resolverlo no lo resuelvo. Las escenas escatologicas solo rellenan huecos vacíos. 
Podría haber sido un buen libro, pero se ha quedado en intento. Aún así, en esos días de piscinas de: "ay, madre, que calor, y ahora yo que leo" este libro es una buena opción.
Si en un momento dado solo buscas entretenerte con un libro, que te haga leer sin descanso, pero sin analizar muy a fondo lo que te está contando, este es tu libro, de piscina, eso sí. 

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