04 mayo 2015



A veces una llega a un libro por la fama que adquiere... Todo el mundo lee ese libro, piensas, algo tendrá. En mi caso, con la edad, me doy cuenta que soy un poco más de "ese título pasó casi desapercibido, seguro que me gusta". Aun así, siempre leo novedades y bestseller con la esperanza de que alguno cuajará. Eso me pasó con esta novela.
Esperé el momento justo para leer novela negra, o thriller, así lo define la editorial, e incluso el propio autor, y lo premios que la novela va ganando. Y ahí me equivoqué.
No debí en ningún momento esperar una novela negra, el 98 % de los que se publica como tal no pasa de policiaca, y empecé a leer el libro esperando un golpe en el estómago...
Elías Gil es el encargado de "investigar”, entrecomillo porque aquí nadie investiga nada, los hechos se van contando de un personaje a otro, el suicidio de su hermana, lo que le guía hacia una mafia rusa, la matrioshka,(que básico, ¿no?), y a partir de ahí tenemos una narración en dos épocas diferentes, una parte en 1933 y la otra en Barcelona 2002.
La guerra y los datos que nos aporta sobre ella son la parte más interesante de esta lectura, aunque yo busco siempre que se me cuenten las cosas de manera más directa, si ocultarnos la crueldad, y las consecuencias de esa misma guerra en 2002, para mi una parte a la que le faltan muchas cosas.
No ha logrado conmoverme en los capítulos de la guerra, y no ha logrado engancharme en los que se supone que hilan toda la historia.

Víctor narra bien, la lectura es sencilla y comete errores, pero también le da mil vueltas a algo, fuerza mucho las situaciones, y deja claro actos que luego en un giro inesperado, donde dije digo digo Diego, no son lo que previamente te había contado, oh, sorpresa, que no estaba muerto que estaba de parranda.

Quizá esperaba una novela negra, de esas que a mí me gustan, ay Rita, no espabilas, y a partir de ahí no he sido capaz de leerla con buenos ojos.


Estoy segura que es una novela que encantará a mucha gente y por eso la reseño, porque yo soy consciente que al tercer fallo ya no leo los libros de igual manera.

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