25 mayo 2015

Solo comenzando a leer: “Doña Carmelita está llorando-dijo Bibiana” Octavio Escobar, ganador del Premio Internacional Novela Corta Ciudad de Barbastro 2014, nos demuestra que, en esto de las letras, sabe lo que hace.
Una agente inmobiliaria de buena familia, pero venida a menos, mata a su madre en un arrebato. Tras el acto decide huir, junto a Bibiana, una chica de clase baja que la apoya en todo momento.
Este argumento, inspirado en un hecho real, le sirve al autor para, con una prosa envidiable, describirnos una sociedad, la colombiana,   marcada por una estricta educación católica pero de comportamientos amorales, sobre todo en las familias aristocráticas.
La lectura de esta breve obra es amena en todos momento, con su punto de intriga y suspense incluido, pero conforme avanza la lectura lo que más te engancha a seguir leyendo es el dominio de la técnica de escritura, y es que Octavio no pone nada, ni una coma, que esté fuera de lugar en este libro. Frases sueltas que dejan a la imaginación del lector complementar los hechos, historias pequeñas que pulen personajes, con breves saltos al pasado que definen sus caracteres, templando sus actos, si fuese necesario.
Sus dos protagonistas, una mujer madura de clase alta y fuerte educación católica,  cuyo nombre desconocemos, es simplemente “la doctora” (tampoco esto está hecho al azar, qué listo, Escobar) y Bibiana, una joven liberal de clase baja, que huyen juntas, viéndose obligadas a convivir. Y ahí, en esa huida, tenemos camuflada la crítica hacia una sociedad en la que el poder está en el apellido, con su doble moral escondida bajo el sello de la religión. Desde el crimen hasta los sucios negocios, incluyendo la prepotencia en el trato hacia los más desfavorecidos, todo pasa por nuestros ojos mientras nos deleitamos leyendo.
Una vez acabada, por supuesto con un final que ni defrauda ni deja indiferente a nadie, te das cuenta de que además esta narración es inteligente, todas y cada una de sus pinceladas están ahí porque tienen que estar, nada falta, nada sobra.
El premio Ciudad de Barbastro no suele defraudarme, pero este año se merece mi sobresaliente.
Tenemos además, acompañando a la prosa, un poemario soberbio, “Combustión” de Marcos Diez, ganador de Del Premio de Poesía Hermanos Argensola.
Mañana el jurado se reúne para fallar los premios literarios 2015, y es que en Barbastro, en cuento a letras, es siempre fiesta.

7 comentarios:

Duky Escritora dijo...

De poesía leo menos pero como escribo ahora estoy intentando leer más, hace poco me envío uno una editorial. El que comentas me llama la atención.
un saludo

Rita Piedra dijo...

Es un libro precioso, bien escrito y en el que no sobra ni falta nada.
Una buenas influencia narrativa, sin duda.

Anónimo dijo...

No me gusta la crítica insana o destructiva, pero sí que soy exigente a la hora de leer un libro el cual todo el mundo tacha de genialidad. Comienzo y me encuentro la siguiente frase: Tras unos segundos larguísimos,
el tío Aníbal subió hasta el atril, apoyado en el hermoso
bastón que heredó de mi abuelo, y leyó la Segunda
Carta de San Pablo a Timoteo: Acuérdate que nuestro
Señor Jesucristo, del linaje de David, resucitó de entre los
muertos...
Miro al atril que tengo aquí a mi lado con su partitura y me imagino la escena, un anciano subido inexplicablemente encima de él, apoyado, eso sí, en un hermoso bastón para no perder el equilibrio. Irreal y circense. No sería mejor...y el tío Anibal, apoyándose en el hermoso bastón subió hasta donde se encontraba el atril. El típico error de presentador de televisión, pero imperdonable en una novela que se supone buena.Un atril no es para subirse encima de él, ni tan siquiera en parte de él, sirve exclusivamente para sujetar libros, partituras, etc. Luego observo que el verbo acordar cae en el error del queísmo. Trago saliva y pienso...Si esto es una obra de arte...Estimada "Bloguera" ruego no se tome a mal mi crítica. Un saludo cordial.

Rita Piedra dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rita Piedra dijo...

Saramago, Trumbo o Rodera se saltan las normas y para mi son arte. Si cumplimos las normas el arte de acaba. No me tomo a mal las críticas, al revés. De literatura de aprende debatiendo, y yo soy consciente de que soy rara en mis lecturas. Huyo de lo convencional. Sigo opinando que es el mejor premio que Barbastro jamás ha dado, para mi. :)

Anónimo dijo...

Tienes razón. Ayer no tuve un buen día que digamos y me pasé de crítica con la novela. Hilé demasiado fino, son errores que se deben admitir. Pido mil disculpas. Un saludo muy cordial.

Rita Piedra dijo...

Para mí no hay error. El sube hasta dónde está el atril, que suele estar sobre el altar, apoyado en un bastón porque tiene dificultades. El queismo está ahí. Pero yo le he visto aún error a Vargas Llosa peor y me sigue pareciendo un genio. :)
Para gustos libros... Por suerte para todos.