21 abril 2015

                        



“Le gusta soñar que es la reina y que cuando los demás estén muertos ya nadie podrá ordenarle lo que tiene que hacer. Me dijo, querida, que lo quemaría todo, que quemaría Gormenghast cuando fuera la dueña, y que viviría a su modo, y yo le dije que era mala, y ella me respondió que todo el mundo lo era, que todo era malo, excepto los ríos, las nubes y algunos conejos. A veces me asusta.”


“Durante el entierro, no me quitaron los ojos de encima, los dos que me aman. Y yo no podía pensar en aquel a quien llorábamos. No podía pensar en la muerte. Sólo en la vida. No podía pensar en la quietud, sólo en el movimiento. No podía comprender el funeral, ni que la vida pudiera concluir. Todo era un sueño. Yo estaba viva, viva, y dos hombres me observaban, de pie, al otro lado de la tumba. No les veía más que las sombras, pues no me atrevía a levantar los ojos y demostrar mi alegría.”

“Pirañavelo advirtió unas pequeñas huellas dactilares en el margen de la página. Eran para él tan importantes como el poema o la ilustración. Todo le parecía igualmente importante, porque todo lo que había sido tan borroso era ahora tan real. La mano apoyada en la mesa era otra vez su propia mano. Había olvidado enseguida el significado de las palabras, pero las letras estaban allí, negras y redondas”

Peake, Mervyn. “Titus Groan.” 


                                   
    





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