01 febrero 2015

             



La abadesa de Crewe. 

Muriel Sparks nos sitúa en un curioso convento, que oculta dentro de sus paredes una peculiar lucha por la sucesión. La abadesa acaba de morir y dos monjas, una refinada y de alta alcurnia, Alexandra y otra vulgar y de baja cama, como decía la canción, luchan por hacerse con la abadía. 

La abadesa de Crewe es una peculiar parodia del escándalo de Watergate... Peculiar, sí, muy peculiar, ya que en este libro es la Abadía de Crewe la que esconde tras sus muros un avanzado sistema de escuchas que serán utilizados para derrotar a la oponente. ("En la capilla no hay micrófonos, ni en los confesionarios. Por extraño que parezca no consideré acertado tomar ninguna medida en el caso de los confesionarios, de momento, claro").

Alexandra busca el poder a cualquier precio, ella es la dama, la que merece tomar el mando de la abadía, es la cara de la alta sociedad, de los altos cargos, del poder ... Para contrarrestar esta figura, altiva y mandona, nos presenta la autora a Felicity, que encarna la alegría y el libertinaje, encarna al pueblo llano, a quién se rebela y se salta las normas. Felicity somos tú y yo, luchando a nuestra manera. 

Muriel esconde tras esta novela desternillante una realidad triste y dura. Ahí donde la moral, la bondad, los valores humanos deben mandar, ahí, en ese lugar, habita una monja que encarna un ser despreciable. Un ser que es capaz de todo con el único fin de salirse con la suya. Todos los preceptos son derrumbados poco a poco con una prosa divertida y nerviosa. Un amasijo de escenas que mutan rápidamente, mezcladas con poemas y cantos eclesiásticos, que nos muestra  bajo el disfraz de las monjas la sociedad que deberíamos rechazar.
El comportamiento humano se ve reflejado en las hojas de este libro, y ríes, ríes, ríes mientras lees, a veces a carcajada limpia, pero también piensas: sí señora, así somos... 

Después de más de 40 años, está novela sigue de rabiosa actualidad. Tal vez, incluso más que el día de 1974 en que se publicó. 


Fragmento. 

"–Lo tergiversarán –dice la abadesa–. Eso es lo que necesitamos ahora, hermanas, una tergiversación. Estamos abandonando el ámbito de la historia para entrar en el ámbito de la mitología: a eso se reduce la historia de la humanidad. ¿Quiénes somos nosotras para alterar la naturaleza de las cosas? En lo referente a nuestro caso, mis queridas hermanas, buscar la verdad sería como buscar los miembros, los dedos y las uñas perdidas de un cadáver desmembrado en un accidente aéreo."

 

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