24 septiembre 2014


          

De EL NOMBRE DEL VIENTO me quedo con un personaje Auri, que vive en la su realidad y que mantiene con Kvothe una magníficas conversaciones. 

“Oh, qué regalo tan magnífico. —Miró la botella con admiración—. Imagínate cuántas abejas borrachínas. —Quitó el corcho y olfateó el vino—. ¿Qué hay dentro?
—Rayos de sol —contesté—. Y una sonrisa, y una pregunta.
Se llevó la boca de la botella al oído y me sonrió.
—La pregunta está en el fondo —dije.
—Una pregunta muy pesada —dijo ella, y me tendió una mano—. Yo te he traído un anillo.
Era un anillo de cálida y lisa madera.
—¿Qué hace? —pregunté.
—Guarda secretos.
Me lo acerqué a la oreja.
Auri sacudió la cabeza con seriedad, y su cabello revoloteó alrededor.
—No los revela, los guarda. —Se acercó a mí, cogió el anillo y me lo puso en un dedo—. Ya hay suficiente con tener un secreto —me censuró dulcemente—. Otra cosa sería avidez.
—Me encaja —dije con cierta sorpresa.
—Son tus secretos —dijo Auri como si le explicara algo a un niño pequeño—. ¿A quién iba a encajarle?”


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