29 septiembre 2014




Fragmento de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Que puestos en los páramos desiertos los ecos roncos de mi mal inciertos suenen con tu rigor tan sin
segundo, por privilegio de mis cortos hados serán llevados por el ancho mundo.
Mata un desdén, aterrada paciencia o verdadera o falsa una sospecha; mata los celos con rigor tan
fuerte;
Desconcierta la vida larga ausencia; contra un temor de olvido no aprovecha firme esperanza de
dichosa suerte.
En todo hay cierta, inevitable muerte; mas yo, ¡milagro nunca visto! vivo celoso, ausente, desdeñado
y cierto de las sospechas que me tienen muerto: y en el olvido en quien mi fuego avivo. Portal Educativo


Y entre tantos tormentos, nunca alcanza mi vista a ver en sombra a la esperanza; ni yo desesperado
la procuro, antes por extremarme en mi querella, estar sin ella eternamente juro. ¿Puédese por
ventura en un instante esperar y temer, o es bien hacello, siendo las causas del temor más ciertas?
¿Tengo, si el duro celo está delante, de cerrar estos ojos, si he de vello por mil heridas en el alma
abiertas? ¿Quién no abrirá de par en par las puertas a la desconfianza, cuando mira descubierto el
desdén, y las sospechas ¡Oh amarga conversión! verdades hechas, y la limpia verdad vuelta en
mentira?

¡Oh en el reino de amor fieros tiranos celos! ponedme un hierro en estas manos. Dam, desdén, una
torcida soga. ¡Mas ay de mí! que con cruel victoria vuestra memoria el sufrimiento ahoga.
Yo muero, en fin, y porque nunca espere, buen suceso en la muerte ni en la vida, pertinaz estaré en
mi fantasía:
Diré que va acertado el que bien quiere y que es más libre el alma más rendida a la de amor antigua
tiranía.
Diré que la enemiga siempre mía, hermosa el alma como el cuerpo tiene, y que su olvido de mi culpa
nace, y que en fe de los males que nos hace amor su imperio en justa paz mantiene.

Y con esta opinión y un duro lazo, acelerando el miserable plazo a que me han conducido sus
desdenes, ofreceré a los vientos cuerpo y alma sin lauro o palma de futuros bienes.
Tú, que con tantas sinrazones muestras la razón que me fuerza a que la haga a la cansada vida que
aborrezco; pues ya ves que te da notorias muestras esta del corazón profunda llaga, de cómo alegre a
tu rigor me ofrezco;

Si por dicha conoces que merezco que el cielo claro de tus bellos ojos en mi muerte se turbe, no lo
hagas, que no quiero que en nada satisfagas al darte de mi alma los despojos.
Antes con risa en la ocasión funesta descubre que el fin mío fue tu fiesta. Mas gran simpleza es
avisarte desto, pues sé que está tu gloria conocida en que mi vida llegue al fin tan presto.

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