23 julio 2014

                               



“Pueden quitarte todo; tus bienes, tus mejores años, todos tus méritos y alegrías, hasta la última camisa; pero siempre te quedarán los sueños para reinventar el mundo que te han confiscado.”

Con esta frase termina El Atentado, un libro que narra la búsqueda de la verdad del doctor Amín Jaafari, israelí de origen palestino, cuando su mujer muere en un ataque suicida. 

De un lado Israel, de otro Palestina... En medio la guerra y el terrorismo. Inevitable recordar sus páginas estos días. 

FRAGMENTOS

“Si partes del principio de que tu peor enemigo es aquel que intenta sembrar el odio en tu corazón, ya tienes media felicidad ganada. No tendrás más que tender la mano para coger lo demás. Y recuerda bien esto: no hay nada, absolutamente nada por encima de tu vida... Y tu vida no está por encima de la de los demás».”

“Por encima de la tapia, se pueden ver las luces de Jerusalén, con sus minaretes y el campanario de sus iglesias, hoy descuartizados por ese muro sacrílego, miserable y feo, producto de la inconsistencia de los hombres y de sus recalcitrantes cabronadas. Y sin embargo, a pesar de la afrenta de ese muro de todas las discordias, la desfigurada Jerusalén no se da por vencida. Ahí sigue, atrincherada entre la clemencia de sus llanuras y el rigor del desierto de Judea, bebiendo su supervivencia en las fuentes de sus vocaciones eternas, que se niegan a complacer tanto a los reyes de entonces como a los charlatanes de hoy. Aunque cruelmente afectada por los abusos de unos y el martirio de otros, sigue conservando la fe, esta noche más que nunca. Parece estar rezando entre sus cirios y recuperando todo el vigor de sus profecías ahora que los hombres se disponen a acostarse. El silencio es un remanso de paz”


“Qué verdad quieres conocer, doctor Amín Jaafari? ¿La del árabe que cree que por tener pasaporte israelí se ha quitado el muerto de encima? ¿La del moro domesticado modélico al que rinden honores por cualquier cosa y al que invitan a recepciones de postín para que la gente compruebe lo tolerante y atento que es uno? ¿La de alguien que cree que por cambiar de chaqueta también cambia de pellejo como si fuera un mutante? ¿Es ésa la verdad que buscas o es la que rehúyes?... ¿Pero en qué planeta vive usted, señor mío? Estamos en un mundo que se despedaza a sí mismo todos los días de Dios. Nos pasamos la noche recogiendo a nuestros muertos y la mañana enterrándolos. Nuestra patria es repetidamente violada, nuestros hijos desconocen la palabra colegio, nuestras hijas han dejado de soñar desde que sus príncipes encantados prefieren la Intifada, nuestras ciudades caen bajo las apisonadoras y nuestros santos patronos no dan pie con bola. Y tú, como te encuentras tan a gusto en tu jaula dorada, te niegas a reconocer nuestro infierno. Al fin y al cabo, estás en tu derecho. Cada uno maneja su vida como quiere... ”


“Hay manzanas enteras arrasadas por los tanques y bulldozers, cuando no dinamitadas. En su lugar se despliegan espantosos descampados invadidos por escombros y chatarra artrítica donde colonias de ratas acampan en espera de consolidar su imperio. Las hileras de ruinas dan una idea de las calles de antaño, hoy reducidas al silencio, exhibiendo ante el mundo sus tullidas fachadas y sus pintadas, aún más incisivas que las grietas. Y, por todas partes, a la vuelta de un vertedero, en medio de los esqueletos de coches aplastados por los tanques, entre las empalizadas acribilladas por la metralla, en las sufridas placetas... por todas partes, el sentimiento de estar reviviendo horrores que parecían abolidos a lo que se añade: la práctica seguridad de que estamos tan unidos a nuestros viejos demonios que no hay poseso que quiera quitárselos de encima.”

“Todos los chicos que has visto, usen hondas o lanzagranadas, odian la guerra como el que más. Porque a diario cae uno de ellos en la flor de la vida por un disparo enemigo. Ellos también quisieran gozar de una posición honrosa, ser cirujanos, ídolos musicales, actores de cine, conducir cochazos y vivir un sueño todas las noches. El problema es que se les niega ese sueño, doctor. Se pretende aparcarlos en guetos hasta que se confundan con él. Por eso prefieren morir.

Khadra, Yasmina. “El Atentado" 

0 comentarios: