13 junio 2014



Dice Blanca Riestra que "La memoria no es plana. Está hecha de la acumulación de imágenes, de objetos, de huellas, de pistas" y creo que no hay mejor forma de definir este libro... Porque es precisamente eso, una acumulación de recuerdos, recuerdos propios, suyos, de Blanca, pero a su vez ajenos, míos, de Rita. 
Desde el principio dije: este libro me gusta, y al acabarlo tuve esa sensación de volver a leerlo, y lo hice, lo leí de nuevo, para captar aquello que se me escapó en la primera lectura. ¿Por qué? Porque esa primera lectura me traslada a mi colegio de monjas, a mi infancia de pueblo, a mis primeros amores, a mi impaciencia, a Madrid de noche. Y creí que encerraba algo más. No me equivoqué, este libro encierra, como muy bien define la autora, muchos objetos, si, pero también huellas y pistas de lo que nadie nos explicó, de porque queda ese vacío tras la muerte...

Tambien dice Blanca "Hay muchos bosques en la literatura, es cierto, pero yo no puedo dejar de citar una obra que me encanta, “El bosque de la noche”, de Djuna Barnes, una novela increíble, escrita a la manera de un laberinto, una especie de almacén de oscuridades, una espesura de palabras"  Y yo lo he anotado. Si ese bosque es como su busco, yo penetro en él. 



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