22 abril 2014



He dudado varios días si incluir este libro entre mis fragmentos. Es un libro que no me ha emocionado y sin embargo algo tiene. Como siempre, yo selecciono fragmentos y tu eliges si leerlo. 

“Y Lynn se puso la caracola en la oreja.
¿Qué oyes?, le preguntó la madre.
Un murmullo, respondió Lynn.
Es el murmullo del mar, le explicó la madre, las olas que están atrapadas en la caracola.
¿El mar?, preguntó Lynn.
El mar, confirmó la madre, y siguió leyendo.
¿Cómo, pensó Lynn, cómo es posible que una caracola atrape al mar? ¿Cómo puede algo tan pequeño y frágil como una caracola atrapar a algo tan grande e indestructible como el mar, las olas del mar, el murmullo del mar? Y se llevó la caracola a la habitación y la dejó en la mesilla, y como no podía dormir volvió a ponerse la caracola en la oreja, la mirada fija en la oscuridad, escuchando el sonido de las olas. Cogió el vaso del agua y se bebió el agua de un sorbo, y como cogió el vaso y se bebió el agua pudo sostener el vaso vacío en la mano, y como sostenía el vaso vacío en la mano se lo llevó de sopetón a la oreja, y como tenía el vaso en la oreja escuchó el mismo murmullo que salía de la caracola, las mismas olas, el mismo viento. 

“Algo que tiene que ver con la gran palabra Verdad. Como si la palabra fuese un lobo que la persigue y la atrapa y la arrincona y le enseña los dientes y dice: por delante de mí no pasas, no por delante de mí”


“El domingo es azul claro; el lunes, blanco sucio; el martes, color cáscara de huevo; el miércoles, marrón grisáceo; el jueves, azul cobalto; el viernes, rojo carmesí; el sábado, negro terciopelo. El domingo, sola; el lunes, con Heinz; el martes, debajo de la cama; el miércoles, libre. Ahora, hoy, el miércoles, podría ir a ver a Silvia Maurer y contarle la verdad. Podría irrumpir en su casa y decir: sé algo que usted no sabe, y si se lo digo su vida se derrumbará como un castillo de naipes. Pero Lynn no lo hace. Algo se lo impide. Ahora no. Todavía no. Tal vez más tarde. En vez de eso Lynn lleva su inservible Ford rojo, sin matrícula, al establecimiento de vehículos de ocasión que hay a la vuelta de la esquina, el Ford de su madre, como lo llama Lynn, regalo de su madre, el año pasado, lo veo demasiado grande, le dijo su madre, y se compró un Golf. El jueves, llamar a casa; el viernes, terapeuta; el sábado, Chiara.”

Pasaje de: Orths, Markus. “La Camarera.”

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