20 enero 2014




“Cuando empezó a escribir su historia, se preguntó por el momento exacto en que los libros y las palabras no sólo comenzaron a tener algún significado, sino que lo significaban todo.”

“Al acercarse más vio que el libro pasaba junto a Rudy, pero este lo atrapó enseguida. Alargó la mano y pescó lo que se había convertido en una masa de cartón y papel mojado.
– ¡El hombre que silbaba! -gritó el chico.
Era el único libro que flotaba en el Amper ese día, pero aun así sintió la necesidad de anunciar el título.”

“La ladrona de libros se quedó allí y miró. La consumía el deseo de oír una nota, pero no se cumplió. Nadie tocaba las teclas. Los fuelles no respiraban. Sólo estaba la luz de la luna, como si fuera un largo cabello prendido en la cortina, y Rosa.
El acordeón seguía atado a su pecho. Al inclinarse, resbaló hasta el regazo. Liesel seguía mirando. Sabía que durante unos días su madre tendría la marca del acordeón en el cuerpo. También era muy consciente de la gran belleza que había en lo que estaba viendo, y decidió no molestarla.”


Pasajes de Zusak, Markus. “La Ladrona De Libros"

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